Tras el Calcolítico y, a través de un período de transición no muy bien conocido, se desarrolla la Edad del Bronce. Esta nueva etapa se denomina así por el empleo de una nueva aleación de cobre y estaño para la fabricación de útiles frente al uso más o menos puro del cobre en el período anterior. Sin embargo, las diferencias entre ambos es mucho mayor, afectando a todas los aspectos de la cultura, organización social y ámbito religioso.
El período del Bronce está tradicionalmente dividido en tres partes, Bronce Inicial, Medio y Final, que en la ciudad de Carmona se manifiestan con características culturales distintas y que obligan a un tratamiento diferenciado.
Bronce inicial.
La primera fase cultural del Bronce, Bronce Inicial, se desarrollaría entre el 1800 y el 1500 a.C. Básicamente, se caracteriza por un acentuamiento de los procesos iniciados durante el Calcolítico, la progresiva sedentarización de las comunidades humanas, una mayor concentración de la población en determinados yacimientos como Carmona, que refleja una mayor jerarquización en la estructura social, aun manteniendo la base tribal. Asimismo, se comprueba un descenso demográfico generalizado, producto, tal vez, de un empeoramiento de las condiciones climáticas que en el período precedente se había caracterizado por una extrema bondad. Los poblados importantes se sitúan en posiciones estratégicas fácilmente defendibles y se amurallan, estableciendo una presión coercitiva sobre el área de captación de recursos. Las estructuras habitacionales cambian con respecto a los patrones anteriores, de las cabañas circulares se pasa a las construcciones de planta rectangular. Los hábitos económicos siguen teniendo una amplia base agropecuaria con una menor importancia de la caza y la recolección y un creciente desarrollo de las actividades metalúrgicas.
El mundo funerario de esta fase presenta unas características particulares en los Alcores que las distinguen del resto de los yacimientos de Andalucía occidental. De esta fase son las tres tumbas de pozo y covacha encontradas en la Ronda de San Francisco en 1984 de Carmona de las que dos aparecieron totalmente violadas mientras que la TB-1 conservaba restos humanos en posición fetal, recostado sobre el lado izquierdo y mirando al sur. Como ajuar aparecieron tres vasos, dos de ellos tulipiformes y un tercero totalmente fragmentado.
A estas tumbas hay que añadir una recientemente excavada, en junio de 1995, en el solar número 12 de la calle General Freire de esta ciudad. La tumba era una fosa rectangular excavada en el alcor y que poseía en su cabecera un resalte o poyo que sirvió de almohada para el cadáver y de repisa para la colocación del vaso de ofrendas. La fosa contenía el cadáver inhumado de un niño de apenas dos años de edad, que apareció en posición encogida, recostado sobre su costado izquierdo, mirando al Este. Sus brazos aparecieron flexionados de tal forma que su mano derecha estaba debajo de su mejilla, mientras que la izquierda sostenía una ofrenda de carne. Sobre la repisa debió ir el vaso que, conteniendo algún líquido, completaba el ajuar. La tumba debió cubrirse con lajas de piedra que ya habían desaparecido desde antiguo.
Los datos que tenemos para Carmona son escasos e insuficientes todavía para ofrecer un panorama claro de la morfología, estructura y extensión del poblado. Por lo que conocemos, el poblamiento se centraría en la zona este de la actual ciudad, por otra parte la más elevada y defendida por la configuración natural del sitio, y zona sur, en torno al Picacho. Desconocemos la relación que las tumbas de la Ronda del León de San Francisco pudieran tener con Carmona, pero previsiblemente sea la necrópolis del poblado del Bronce Inicial que se situaba en la actual ciudad.
Bronce medio.
Hacia la mitad del II milenio a.C. se produce un cambio radical en las características culturales que definen el Bronce Medio con respecto a los grupos humanos asentados en Carmona en la etapa precedente. Muchos de los yacimientos cercanos a Carmona se abandonan, como Alcalá de Guadaira tras ser destruido por un incendio, o El Gandul. En Andalucía oriental asistimos al ocaso de la cultura del Argar. Paralelamente asistimos a la presencia de comunidades de pastores nómadas procedentes de la Meseta y que arqueológicamente recibe el nombre de cultura de Cogotas I, que vienen a sustituir en casi todo el bajo valle del Guadalquivir a las poblaciones que les precedieron durante el Bronce Inicial. Las razones de este cambio generalizado nos son todavía desconocidas aunque algunos indicios parecen apuntar a un fuerte cambio en el clima que llevó al traste a gran parte de estas comunidades agrícolas sedentarias.
Los restos arqueológicos documentados en esta etapa, que transcurre aproximadamente entre el 1400 y 1100 a.C., se caracterizan por estar muy extendidos, abarcando no sólo todo el casco antiguo de la ciudad de Carmona sino también ocupando elevaciones cercanas como la Batida. Esto unido a que los depósitos arqueológicos generados en esta época tienen escasa potencia, parece indicar que el tipo de poblamiento era disperso en torno a una zona concreta, que las estructuras de habitación eran necesariamente de materiales poco consistentes, ya que las unidades de estratificación de este momento están compuestas básicamente por las tierras rojas de descomposición de la roca terciaría, sin que la presencia de adobes sea suficientemente significativa, lo contrario que ocurre a partir del Hierro I donde la composición de las capas está íntimamente ligada a los materiales de construcción utilizados en esas épocas, principalmente los adobes. Estas son, en parte, algunas de las razones que han impedido hasta hoy aislar adecuadamente los materiales del Bronce Medio que normalmente aparecían en estratos del Bronce final y del Hierro I, dando lugar a la interpretación de estos materiales como parte de los conjuntos de esa etapa, fundamentalmente la poca consistencia de su depósito matriz, fácilmente erosionable. Por tanto la posibilidad de un tipo de poblamiento poco estable, o incluso estacional, y disperso no debe perderse de vista, a la espera de datos que arrojen más luz sobre este extremo.
La naturaleza de la estratificación generada nos acerca al tipo de configuración de poblados pertenecientes a Cogotas I caracterizados por la existencia de estructuras excavadas de distintas dimensiones y formas de funcionalidad no precisable con seguridad, y cabañas rectangulares realizadas con materiales poco consistentes, madera, ramajes y barro. En Carmona, las únicas estructuras asociadas a Cogotas I son precisamente hoyos, como en el caso de la estructura excavada en la roca de base documentada en el año 1989 en Costanilla Torre del Oro s/n que interpretamos como silo.
El final de este período se centra en torno al 1100 a.C. Desde este momento hasta la constatación de nueva población en el Bronce Final existe un vacío de información en el que no se percibe presencia humana por causas que quizás se aclaren conforme avancemos en la investigación.
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Excmo.
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