Aún hoy, Carmona es una ciudad eminentemente agraria, con recursos basados en la explotación de la tierra y un débil sector de servicios.
La economía contemporánea preindustrial, sustentada en el cultivo de la trilogía mediterránea -olivo, vid y trigo-, se ha venido apoyando en una estructura social muy cerrada, derivada directamente de como se distribuye la propiedad de la tierra: grandes propietarios nobiliarios y eclesiásticos, arrendatarios de tierra y minifundistas junto a un mayoritario grupo de jornaleros agrícolas que alternan las labores del campo con actividades de economía de subsistencia casi depredadora.
El sector secundario se dedica a la producción de manufacturas artesanales destinadas a cubrir las necesidades más perentorias de la población y a la fabricación de utillaje agrícola para la producción agraria. Una almagama de oficios varios, compone el sector terciario o de servicios, donde se juntan individuos del más alto estrato social: clérigos, profesionales liberales..., junto a arrieros, criados y otras personas de baja extracción social.
En el siglo XIX, trás las desamortizacion de los bienes eclesiásticos, la propiedad de la tierra sufre algunas transformaciones. Si la Iglesia vió sus bienes confiscados y vendidos en pública subasta, la nobleza, en palabras de Cruz Villalón "incrementó su patrimonio territorial en nuestra ciudad". A la vez, un grupo de grandes arrendatarios de las propiedades eclesiásticas y nobiliarias serán compradores de bienes desamortizados, dando lugar a unos nuevos propietarios que conformarán la llamada "burguesía agraria".
El grupo poblacional mayoritario seguía siendo el de los jornaleros, afincado fundamentalmente, desde el siglo XV, en el arrabal de San Pedro. Sus condiciones de vida, trás el periodo desamortizador, habían empeorado como consecuencia de la pérdida de los terrenos comunales.
La enajenación de los bienes de la Iglesia proporcionó a Carmona su primer mercado estable, aprovechando el enorme espacio que ocupara el convento de Santa Catalina; para ampliar la cárcel, se aprovechó el de San José y para emplazar el primer cementerio extramuros de época contemporánea se tomó el convento de Santa Ana, prohibiéndose estrictamente en 1840 los enterramientos en las parroquias. La falta de presupuesto salvó a la Puerta de Sevilla de la piqueta y de la mentalidad racionalista en exceso, que veía a las ciudades ahogadas en sus murallas.
En la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX, Carmona alcanza cierto grado de industrialización. Se crean las primeras industrias relacionadas con la tranformación de productos agropecuarios: fábricas textiles, oleícolas, panificadoras, harineras, jaboneras, etc...
El ascenso de una pequeña burguesía ilustrada a los puestos de poder local y los frutos del pensamiento de la Ilustración heredado del siglo XVIII, dieron como resultado la creación de sociedades culturales -como la Sociedad Arqueológica de Carmona- e incentivaron a un nutrido grupo de eruditos, imbuidos de una mentalidad ilustrada, que filantrópicamente donaron sus obras o propiedades a la ciudad, destacando entre ellos nombres tan conocidos como Bonsor, Fernández López, Domínguez Pascual, Vega Peláez ...
El XX es el siglo en los procesos urbanísticos se aceleran. El crecimiento demográfico desborda a la ciudad, que crece hacia el Suroeste, poblándose los alrededores de San Antón. Para la gran expansión vino con el desarrollismo de los sesenta y la necesidad de vivienda de los 28.000 habitantes de entonces. Nacen el barrio de la Guita, las Barriadas Virgen de Gracia y de la Paz y se ocupan Villarrosa, el Quemadero de San Francisco y la Calera de Benítez.
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Excmo.
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