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DE LOS AUSTRIAS A LOS BORBONES. CARMONA EN LA EDAD MODERNA

        El sistema de corregidores no fue un obstáculo para que determinadas familias de Carmona detentaran parte del poder local, monopolizando los cargos de jurados y regidores, que contrapesaban al representante de la Corona. Los Caro, los Rueda, los Quintanilla componian un grupo cerrado, estrechamente entrelazado por conexiones familiares, y gozaban de las ventajas sociales y económicas, sobre todo, la exención del pago de impuestos, derivadas de la pertenencia al Cabildo municipal.

        La definición de los grupos sociales de la Carmona del XVI tropieza, de nuevo, con el obstáculo de la falta de información. Las fuentes disponibles son los padrones fiscales, cuyos objetivos prácticos se ven cubiertos con la simple distinción entre los que pechan y los que no tienen obligaciones contributivas. Obviamente, la realidad social era mucho mas compleja.

        Mejor conocida es la estructura social del XVII, que probablemente, no era muy distinta de la del siglo anterior. El grupo numéricamente mas importante era el de los jornaleros del campo. La mitad de los carmonenses de entonces subsistían penosamente como temporeros, calculándose que tendrían unos 120 días de trabajo al año. En mejor situación se encontraban los artesanos, a pesar de desarrollar sus actividades en el ámbito de una economía rural de escasos intercambios. En general, cubrían las necesidades del mercado interno, abasteciendo a la población de productos básicos de uso personal y doméstico y de herramientas agrícolas y de albañilería. El sector terciario es proporcionalmente muy grande, comprendiendo desde caleseros y lacayos en el estrato mas bajo, hasta los médicos y procuradores. Llamativo es el porcentaje de población no activa (clérigos, religiosos, rentistas).

        Desde el punto de vista económico, Carmona era un pueblo fundamentalmente agrícola y, sin duda, rico en este aspecto. Las tierras de la Vega eran conocidas por el buen pan que producían. A pesar de ello, se vivieron numerosas situaciones de carestía y desabastecimiento local. Estas situaciones se daban como consecuencia de la estructura de la propiedad de la tierra, que se concentraba en las manos de unos pocos, que manejaban el mercado en función de sus intereses. A ello se unía el hecho de que gran parte de las tierras de secano pertenecían a gente de fuera de Carmona, que destinaban la producción al comercio internacional. Para hacer frente a esas crisis, se crea en 1531 el "pósito" del trigo.

        El término de Carmona disminuye a lo largo del reinado de Felipe II como resultado de la política de obtención de recursos de este monarca. Baldíos y tierras comunales y señoríos de realengo son vendidos a la nobleza para solventar las dificultades financieras de la Corona. En realidad, los reinados de los Austrias suponen para Carmona un continuo esfuerzo para responder a las exigencias de hombres y dinero de la Corte, eternamente implicada en conflictos militares.

        En otro orden de cosas, es en este periodo cuando la población de Carmona comienza a crecer de forma sostenida. Ello no quiere decir que las crisis de mortandad, por epidemias, malas cosechas o la combinación de ambas, dejen de aparecer periodícamente, pero se presentan de forma mas espaciada en el tiempo y con menor intensidad.

        También la imagen de la ciudad cambiará a lo largo de la Edad Moderna. Las murallas y, en general, todo el sistema defensivo, sufren un deterioro progresivo, ya que la difusión de la artillería hace de ellos elementos ineficaces. Maltrechos ya como consecuencia del terremoto de 1504, el abandono de las periódicas campañas de reparación y mantenimiento propiciará su lenta destrucción, y aportará nuevos espacios a la población, que ocupa lo que antes eran baldíos inseguros.

        El XVI es el siglo de las grandes fundaciones monásticas, que engullen un buen número de parcelas antes ocupadas por casas de particulares. Madre de Dios, Concepción, los ya desaparecidos de Santa Catalina y del Carmen, la renovación de San Sebastián, son todos ejemplos de la arquitectura conventual carmonense del quinientos.

        La urbanística del XVII se reduce a unas cuantas intervenciones puntuales, orientadas a regularizar calles y dar forma a algunas plazas. Surgen, casi con su aspecto actual, las plazas de Lasso y de San Blas, mientras que la fundación del convento de las Descalzas define el espacio de la plazuela de Santa María.

        Si el XVI es el siglo de los conventos, el XVIII lo será de las grandes casas nobiliarias. La mayor parte de las fachadas notables de las calles de Carmona adoptan el gusto barroco. Componen una larga lista donde entran desde la que edificaran los Rueda hasta la del Marqués de las Torres, pasando por la del barón de Gracia Real, la de los Dominguez, los Aguilar, los Caro...

        El Barroco dejará, sin duda, una honda impronta la ciudad. Algunas de las iglesias, San Bartolomé, San Blas, Santiago, abrirán nuevas puertas con la estructura y ornamentación propia de este estilo. Algo parecido sucede con los conventos: las antiguas portadas ojivales de Santa Clara y Concepción se ciegan para levantar fachadas dieciochescas. La remodelación de San Pedro y la construcción del Salvador cierran el capítulo de la arquitectura religiosa barroca.

        Del XVIII es también la primitiva Alameda que, inspirada en la mas antigua de Sevilla, se convierte en lugar de paseo para los carmonenses.

Ayto. de Carmona
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