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LA CARMONA MUSULMANA

        La reconstrucción de la historia de la Carmona musulmana presenta una serie de inconvenientes derivados de la escasez de los textos escritos y la generalidad de sus contenidos, y de la parcialidad de la documentación arqueólogica, que en contadas ocasiones ha permitido registrar estructuras de habitación.

        En líneas generales, la ciudad debió seguir el ritmo de la historia de Al-Andalus. Se tiene constancia de que fue una de las primeras conquistas auspiciadas por Tariq tras el desembarco del 711. La toma efectiva se fecha en julio del 713 y fue dirigida militarmente por Muza b. Nusayr. Una vez instalados, los musulmanes conservaron el viejo nombre de la ciudad, adaptándolo a su fonética: Qarmuna.

        Extrapolando a partir de situaciones similares, se puede pensar en la firma de un tratado o capitulación que regulara la relación entre la población hispano-visigoda y los recién llegados. Estos pactos de convivencia permitían a los habitantes de las ciudades ocupadas mantener sus propias leyes e instituciones, conservar sus propiedades y practicar su religión, a cambio de la satisfacción de un impuesto denominado jarach.

        La élite dominante hispano-visigoda es sustituida o asimilada por la nueva élite procedente de Africa; el proceso de feudalización iniciado con el fin del Imperio Romano se trunca, instalándose la estructura estatal islámica.

        Datos más concretos que permitan definir la situación particular de Carmona apenas si los hay. Existen referencias a la presencia de miembros de las tribus beréberes Sinhaya y Masmuda, así como de gentes de origen árabe.

        Desde el siglo VIII y hasta el fin del Califato de Córdoba, Carmona era cabeza de una cora, nombre éste por el que se conocían las circunscripciones administrativas en que estaba estructurado Al-Andalus. La cora de Carmona comprendía todo el territorio limitado por las de Ecija, Setefilla, Sevilla y Morón e incluía en su término aldeas y localidades menores, como Marsana y Bardis (las actuales Marchena y Paradas).

        Si bien no contamos con un cuerpo de datos específicos que hagan posible un relato coherente y completo de la vida política y económica de la localidad, ciertos aspectos son abordables a partir de la documentación conservada. Sobre uno de ellos, el de islamización de la población local, se pueden incluso aportar cronologías amplias, que permiten afirmar que este proceso era ya una realidad en el siglo IX. Las diferencias propias de comunidades mixtas eran probablemente, en aquellas fechas, menores que las convergencias. De hecho, el gramático Jattab ibn Maslama, nacido en Carmona en el 906, se había formado en su ciudad natal conforme a las coordenadas culturales del mundo islámico.

        El desmembramiento del Califato en numerosos principados lleva a Carmona a incorporar a Ecija en el ámbito de su taifa, dominada por el caudillo beréber Mohamed ibn Abdallars, que se apoyó en la tribu de los Banu Birzal, a la que pertenecía, para tomar el poder. Ibn Abdallah logró hacer frente a las aspiraciones de hegemonía del Reino de Sevilla, hasta que en 1042 y después de un enfrentamiento con las armas, Carmona queda integrada en la taifa sevillana de los Abbadíes. A partir de este momento, la historia de la ciudad estará dibujada por las directrices que se marquen desde Sevilla.

        En el 1091 se produce la irrupción de los Almorávides, grupos tribales procedentes del norte de Africa que acaban con los reinos de taifas, imponiendo la unificación de todo el territorio de Al-Andalus bajo su dominio. Al mismo tiempo, el avance cristiano desde el norte se traduce en frecuentes incursiones militares que dejan tras sí una estela de destrucción y campos devastados.

        El poder almohade procuró a la ciudad un corto periodo de estabilidad (1148-1224), al que sucedió una nueva etapa de conflictividad que se prolongaría hasta la conquista cristiana en 1247.

        Sobre la urbanística de Qarmuna tenemos poca información. Las excavaciones proporcionan datos poco variados, ya que los únicos elementos que aparecen recurrentemente son los pozos negros y los residuos que contienen. Estructuras pertenecientes a edificios públicos o privados constituyen casos excepcionales, ya que, bajo la ciudad moderna, los muros y pavimentos que salen a la luz mediante las técnicas arqueológicas son de época romana. Contamos con un texto del geógrafo al-Himyarí que ofrece una descripción relativamente detallada de la ciudad y su entorno y que transcribimos a continuación:

Se encuentra en la ladera de una montaña y está rodeada de una muralla de piedra. Durante el periodo de paz se abrieron portillos en esta muralla, que fueron cerrados en la época de agitaciones. Carmona es habitualmente inexpugnable por todos los lados de su contorno, excepto por su cara occidental: allí, la altura de la muralla es de 40 piedras, que equivale a 43 codos. En la muralla Oeste hay una torre conocida bajo el nombre de al-Burg al-Agamm; en caso de guerra se colocan sobre esta plataforma lanzaproyectiles. En el ángulo de esta misma muralla Norte hay otra más alta, que recibe el nombre de Samarmala: está cubierta por una torre de defensa y domina, al exterior, una verde pradera, cuya hierba no se seca jamás. A lo largo de esta muralla corre una fosa muy profunda, que data de la Antigüedad y cuyo terraplén se une a la muralla. Sobre el trazado de la muralla Sur, se observa en cierto lugar una gran roca escarpada, levantada como un muro y tan alta que apenas se puede levantar los ojos hasta su cumbre: la muralla está construida por encima; entre ésta y el borde de la roca hay espacio suficiente para el paso de un hombre. Algunos se deslizan desde allí para ir a recoger miel y sacar los pájaros de la fisura de la roca. Esta misma muralla meridional está horadada por una puerta llamada Bab Yarni, cuyo nombre proviene del burgo Yarni, no lejos de ella. La Puerta de Córdoba está al Este de la muralla: forma una obra defensiva con torres. La Puerta de Calsena se encuentra al Nordeste, y es la que hay que franquear al volver a Córdoba, pues el camino a que da acceso es fácil, mientras que el que sale de la Puerta de Córdoba es difícil y escarpado. La Puerta de Sevilla está al este: un poco retirada para el que entra a Carmona. Se encuentra una segunda puerta a cincuenta codos de la otra. Hay en Carmona una mezquita mayor con columnas de mármol y pilastras de piedra. También hay un mercado semanal que tiene lugar los jueves. Hay baños públicos y un arsenal, que fue construido despues de la incursión de los normandos para que sirviera de depósito de armas. En el interior de Carmona hay numerosas ruinas antiguas y una cantera de piedra. En los alrededores hay muchas canteras, una de ellas al Norte.

 

        Muchos de los elementos citados en este texto son identificables actualmente.

        Diversos tramos del cerco murario, que presentan zócalos de sillares reutilizados y el resto del alzado con fábrica de tapial, se fechan en época almohade, según se desprende del análisis de la información arqueológica. En lo que se refiere a los accesos al interior de la ciudad amurallada, la descripción de la Puerta de Córdoba responde exactamente a la realidad, y se confirmó plenamente este supuesto tras la intervención arqueológica llevada a cabo en 1995. La de Samarmala correspondería a la ya derribada de la Sedía y la de Yarni a la Puerta de Morón. Cierta confusión se da con respecto a la Puerta de Calsena, que, según A. Jiménez, sería la misma que la de Yarni, puesto que Calsena era una ciudad cercana a Arcos de la Frontera. La Puerta de Sevilla se identifica con la que el geógrafo menciona en el texto como al-Agamm.

        De los tres alcázares con que cuenta la ciudad, al menos dos estuvieron en uso durante el dominio islámico. La fortaleza de la Puerta de Sevilla fue sometida a importantes transformaciones con el objeto de adaptar las estructuras preexistentes, como la elevación de la Torre del Homenaje y la superposición de un nuevo arco a los romanos precedentes. El Alcázar de Arriba o Alcázar Real conserva en su interior un palacio, cuyos caracteres tipológicos permiten datarlo hacia comienzos del siglo X.

        La Mezquita Mayor ocuparía el solar donde ahora se levanta la iglesia de Santa María, donde se perpetúa, por tanto, el carácter de templo principal. Aún se conserva parte de la estructura islámica original en el Patio de los Naranjos, cuyos elementos tipológicos permiten fecharla hacia el siglo XI. Es posible la existencia de mezquitas menores, dada la importancia de la ciudad; pero ninguna prueba permite afirmarlo de forma fehaciente.

        Con la documentación de la que hasta hoy se dispone, no es posible la localización exacta del zoco y los baños, aunque la tradición sitúa a estos últimos en la zona de San Bartolomé. Sin embargo, las canteras de las que habla al-Himyarí son claramente reconocibles en las Cuevas de la Batida.

        Se ha podido comprobar cómo en este periodo se reocupan zonas que antes habían sido de carácter público. Ejemplo paradigmático de este fenómeno es la parcelación con fines ocupacionales del solar que antes ocupara el foro romano. El trazado del viario actual pudo ser muy semejante al de la ciudad musulmana, lo que explicaría parcialmente la ausencia arqueológica de restos de edificaciones, al no haber sido frecuentes las reparcelaciones. La vía principal, el antiguo cardo romano, se mantiene en la ciudad islámica, comunicando el acceso desde Sevilla con la Mezquita Mayor. Un nuevo eje parece que se abre en esta época para poner en conexión la Puerta de Sevilla con la de Morón.

        La imagen abigarrada del casco histórico de Carmona puede servir de aproximación a la fisonomia urbana de época islámica, con la salvedad de que en esa época había muchos más baldíos, sobre todo en la zona más cercana a la muralla.

        Otra noticia habla de la construcción de un arsenal en la ciudad, como prevención ante ataques inesperados, como el que se produjo en el 844 en Sevilla y que tuvo por protagonista a una flota de vikingos. Es la única mención que contienen las fuentes a la existencia de arquitectura industrial en Qarmuna. Sobre su localización, la hipótesis más viable es la que se deriva de la existencia de dos calles denominadas Atarazana y Atarazanilla.

        El cementerio como tal no ha sido aún localizado. Algunas tumbas, aisladas y excesivamente alejadas de la ciudad, fueron halladas en la zona de Campo Real.

©Ayuntamiento de Carmona