La crisis que acabó con Tartessos, inauguró un período de incertidumbre aún no bien definido por la investigación histórica. Muchos yacimientos entran en crisis, reduciendo su extensión, otros desaparecen, se fundan nuevos y en algunos se han detectado niveles de incendio que podrían indicar una destrucción generalizada.
Carmona, no obstante, parece que no sufrió esta crisis o, al menos, ésta fue superada rápidamente. De hecho, la ciudad turdetana sigue ocupando el espacio delimitado durante el período orientalizante, adoptando la misma configuración urbana, y expandiéndose hasta el Sur ocupando hasta la actual calle Sancho Ibañez, Prim y Vendederas. Esta expansión lleva, a partir del siglo V a.c a ocupar el espacio junto a las defensas de fines del siglo VIII a.C.
En la zona de San Blas la ciudad turdetana, se asienta directamente, sobre la ciudad antigua, manteniendo incluso idéntica orientación (caso del solar de la casa Saltillo); más al sur, en el área de expansión, la ciudad turdetana, de nueva implantación, muestra distinta orientación que en la zona N., orientación que será coincidente con la romana.

Las cimentaciones y muros se realizaron de mampostería, con roca del lugar, revestidas y pintadas de rojo o blanco, en el caso de las estructuras murarias. Los pavimentos siguen siendo similares a los de la ciudad colonial: tierra apisonada, cantos rodados o lajas de piedra de alcor.
La situación estratégica en la que se sitúa la ciudad junto a la riqueza de los recursos naturales con la que está dotada el territorio, fueron la causa de que la crisis fuera superada rápidamente.
La conquista de la Península Ibérica de manos de los cartagines en el 237 a.C., al mando de Amílcar Barca, inicia una etapa turbulenta que culminará con la II Guerra Púnica y la conquista romana. Carmona, con seguridad, debió convertirse en un importante enclave cartaginés, como lo demuestran las importantes obras defensivas que nos han legado. Para reforzar la seguridad de esta plaza por su flanco más débil, construyeron una muralla, defendida por un complejo de fosos excavados en la roca y con sección en V. El principal acceso a la ciudad se defendió con un imponente bastión realizado con sillares almohadillados, que forma parte del actual Alcázar de la Puerta de Sevilla, convirtiendo a la ciudad en la plaza inexpugnable que impresionó al propio César.
La suerte de las armas no fue, en absoluto, favorable a las tropas púnicas, de manera que en el año 206 a.C. los cartagines fueron expulsados de la Península. La batalla decisiva de Ilipa tuvo lugar, según Apiano, en Carmona, el principal núcleo púnico en la Turdetania. La victoria romana decidió definitivamente la suerte de Hispania.
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Excmo.
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