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Vive nuestra Hermandad un momento realmente señalado en su dilatadísima historia: son contadas las ocasiones en las
que se ha decidido el cambio del paso de Nuestro Padre - el de la Virgen de los Dolores, aun con variaciones, se
conserva practicamente intacto desde hace tres siglos-.
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Tal vez la imagen procesionara durante el siglo XVII en unas sencillas parihuelas de madera pintada, lo que si es
seguro es que a fines de este siglo la nueva composición del misterio, con la incorporación del Cirineo y la cruz
de carey, hizo necesaria la sustitución y se ejecutó un paso mayor, acordes con los gustos de la época, y con profusión
de ángeles en todo el canasto. El tiempo, las modas, el deterioro, ... estos y otros factores pudieron llevar en los
años 30 del siglo XIX a la sustitución de ese paso barroco por otro neoclásico, según el gusto de ese momento, al que
ya se incorporaron carteras de plata y que subsistió hasta el pasado siglo XX, cuando fue primero ampliado, y luego definitivamente
sustituido por el actual, pero intentando mantenerse fiel al modelo neoclásico precedente, definitivamtne emprobecido
el diseño pero enriquecido por la plata y las partes de caoba que conforman los canastos y los respiraderos. Los más de 50
años trascurridos desde su estreno han pesado mucho y es evidente el deterioro que presenta la estructura del canasto, sobre
la que descansa todo el peso de las imágenes, la cruz, el monte, y los faroles. Pese a los esfuerzos, la debilidad estructural
es manifiesta y, consultados los expertos, no valdría un mero arreglo sino un cambio en profundidad.
Ante esta perspectiva y ante la mirada puesta en la conmemoración del IV centenario de la venerada imagen de Jesús Nazareno
en 2007, se ha determinado por la Junta de Gobierno y se ha ratificado por el Cabildo General la sustitución de este paso,
que permanecerá en el patrimonio de la Hermandad, sin ser enajenado.
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Se ha encomendado el diseño y el control de la ejecución del nuevo paso a N. H. Juan Fernández Lacomba. No hace falta presentar
a Juan, pero no está de más recordar sus méritos para comprender mejor la decisión de asignarle tan histórico encargo.
Pintor de reconocido prestigio no sólo andaluz, sino también nacional, ha expuesta sus obras tanto en España como fuera de
nuestras fronteras, y no en vano su nombre figura ya en manuales de arte y en obras de la magnitud de la Historia del Arte
en Andalucía, aparte de haber obtenido, entre otros galardones, el premio Focus de pintura y haber realizado en 1994 el cartel
de las fiestas primaverales de Sevilla. Por su formación - es licenciado en Historia del Arte - y cualificación como experto
en arte ha sido designado como comisario en diversas exposiciones antológicas sobre pintores andaluces, entre las que destacan
la organizada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla sobre José María Labrador o las dedicadas por la fundación El Monte a
sánchez Perrier o a nuestro paisano José Arpa, en cuya obra Juan Lacomba está considerado el mayor experto; es colaborador
del Museo del Prado, en Madrid, e igualmente imparte y dirige talleres de trabajo en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo
y en otras instituciones tanto públicas como privadas.
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Su colaboración con la Hermandad se inició en 1995 cuando con la amabilidad y gentileza naturales en él aceptó gustoso la
petición que le hicimos de editar un grabado conmemorativo del III centenario de la imagen de la Virgen de los Dolores,
de cuyo proceso de ejecución trató la exposición posteriormente montada en la casa de la Cultura. A la vista está el resultado
obtenido. En 1996 nos facilitó el diseño para la reforma de los varales del paso de palio, del que igualmente ha diseñado en
años sucesivos tanto los faroles como las jarras.
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Nuestra Hermandad, a lo largo de los siglos, ha ido forjando un carácter que la define y diferencia d elas demás, tanto en la
estética como en el talante; ni mejor ni peor, distinta. Esa peculiar idiosincracia queda bien patente en el propio cortejo
procesional, cuya sobria elegancia y discreta riqueza impregnan a todo el conjunto, desde la cruz de guía hasta el palio,
desde el muñidor hasta el preste, de una armonía en las formas tal que se nos exige un cuidado extremo para evitar que lo
poco nuevo que se vaya haciendo resulte estridente o inadecuado.
Con estas premisas, el paso de Nuestro Padre debe integrarse dentro del cortejo como si siempre hubiera estado allí,
discretamente, con sobriedad, como una pieza más en un conjunto, destinado sólo a resaltar la imagen de Jesús Nazareno
y así contribuir a estimular la piedad y la devoción de espectador y de los propios cofrades.
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La idea, a nuestro juicio, ha sido perfectamente captada por Lacomba, quien partiendo de la más estricta tradición
cofradiera la ha actualizado y ha incorporado conceptos del arte contemporáneo, pues no puede hablarse de la gente del
siglo XXI con lenguajes antiguos sino con formas actuales. En este sentido, el paso diseñado refleja un profundo
estudio de formas cargado de simbología teológica y supone indicutiblemente un avance respecto a todo lo hecho en los
últimos ciento cincuenta años, periodo en el que de una u otra forma los artesanos se ha limitado a imitar repetitiva
e incansablemente los modelos del barroco sevillano, pero sin aportar nada nuevo y logrando, eso sí, un rebuscamiento
de las formas y un virtuosismo en el empleo de los materiales digno de mención.
El paso de Nuestro Padre supone una bocanada de aire fresco, una apertura de nuevos caminos, una actualización de los
conceptos clásicos, innovando y aportando soluciones estéticas, técnicas inéditas hasta el momento pero que si otras
hermandades tienen la misma valentía que la nuestra, serán pronto asumidas e imitadas.
El propio desarrollo del diseño ha aprovechado las modernas técnicas informáticas para la composición tridimensional
del modelo y se ha desarrollado un profundo estudio en el planteamineto de la propia estructura del canasto, con la eficaz
y desinteresada colaboración de D. Manuel Ortega, ingeniero superior, quien ha trabajado, por ejemplo,
en las obras de envergadura del Teatro Real de Madrid.
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En suma, un paso actual, nuevo y moderno, pero que encaja perfectamente en la cuidad estética de las Hermandad y diseñado
expresamente para que resalte la imagen de Nuestro Padre, que es, al fin y al cabo, el propósito que se persigue.
A partir de este momento toda la Hermandad debe ser una piña y apoyar sin reservas este gran proyecto,
para el que vamos a necesitar la colaboración de todos, pues todo vamos a compartir esta misma ilusión
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Hermandad de
Nuestro Padre Jesús Nazareno
Iglesia de San Bartolomé
Carmona |
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