- Respeto a la tradición trentina y justificación del proyecto como
elemento portador de uno de los sagrados misterios de la Pasión de
Nuestro Señor.
- Consideración de lugar: Cristo con la cruz a cuestas camino del
Calvario encuentra la ayuda y asistencia del Cirineo.
- El elemento fundamental de partida son las tallas históricas de Jesús
Nazareno y el Cirineo, acotadas ya por la distancia entre ambas imágenes,
por lo que supone la aceptación de las medidas de la cruz de carey y
plata, verdadero patrimonio devocional de la hermandad, al igual que las
potencias y la corona de espinas también en plata, que forman sin duda
alguna parte indisociable de la iconografía procesional de la imagen del
Señor.
- Junto a este conjunto patrimonial de primera magnitud, se ha respetado
la reciente incorporación de los cuatro faroles de plata al conjunto
procesional. Teniendo en cuenta su actual altura y disposición y el ser
concebidos para las proporciones y características del paso anterior.
- Con estos precedentes, el paso se concibe como altar procesional en el
que se destaca una nueva valoración del plano real en el cual se
desenvuelve la escena pasional. Este aspecto rescata el poder dramático y
la dimensión originariamente artística de las figuras (como demuestra el
testigo documental de los chaflanes en la peana del Cirineo que hace
referencia a la escala del antiguo paso). Para ello se incide en una
nueva disposición en diagonal de las imágenes respecto del plano
compositivo; ganando en riqueza y variedades de ángulos de visión de
ambas imágenes.
- Organización de la disposición definitiva de la importantísima visión
frontal de la composición: ya que al ser desplazado ligeramente el Señor
a la derecha, puede también observarse el Cirineo, así como la caída del
brazo menor de la cruz desde su parte superior, dirigida hacia el ángulo
opuesto en la parte inferior del paso. Por lo que se crea una serie de
tensiones compositivas en aspa, formando así triángulos isósceles de gran
elegancia, con riqueza de vectores y líneas de fuerza. Esta nueva
disposición, al suprimirse toda una serie de problemas de visión muy
evidentes en el paso actual, eliminan la necesidad de incorporar, como
hasta ahora se hace, una peana suplementaria para dar altura suficiente a
la imagen. Con lo que la imagen del Señor gana en esplendor, aire y
riqueza de puntos de vista.
- Ante esta visión frontal, a todas luces muy decisiva, hemos entendido
que el proyecto de nueva canastilla, o trono, o andas, que porta el
conjunto debería estar, decididamente, al servicio total del misterio.
Por lo que el proyecto se organiza radicalmente a partir de este plano.
Se nos planteaba entonces la idea de rescatar el escenario del suelo
naturalista del calvario o risco. Hecho, que nos parece de capital
importancia a la hora de entender y dignificar las figuras, a la vez que
el diseño formal del canasto debería entronizar o cobijar, como si se
tratara de una sintética "orfebrería de formas", que engastan una sublime
y preciada gema. Lo real, lo venerable y lo sagrado, adquirirían así un
sentido despejado, claro y de potente energía dramática.
- Con estas premisas, comenzamos a elaborar un proyecto que debería
contemplar tres conceptos fundamentales: el risco, o camino-roca; la
idea del cáliz-patena, como eco de la forma metafórica del sacrificio; y
la misma forma de altar-andas, dentro de la más estricta tradición y de
la ineludible funcionalidad procesional misma.
- El diseño por el que nos hemos decidido es el que sintetiza la idea
formal de un gran plano o patena que sostiene la escena, a modo de
bandeja sagrada que livianamente sostiene el peso real del misterio, en
su sentido naturalista. Un cuerpo que se organiza como un moldurón a modo
de gola o cuello de paloma en torno al conjunto, con una simple cornisa
en plata a modo de frontera, limite, o borde diferenciador respecto de la
escena superior, y otro cornisón igualmente en plata, diferenciador del
plano de la mesa y a partir del cual comenzarían la caída de los faldones
con los respiraderos calados.
- Este primer cuerpo de la canastilla presenta en todos sus frentes una
serie de esferas convexas doradas que emanan a la vez que se engastan en
esta moldura corrida, que especialmente en las esquinas se hacen
salientes y cobijan los faroles de plata. Un moldurón que se quiebra o se
hace curvo estratégicamente en ambos frentes y laterales según se ciernen
hacia las imágenes que, a pesar de estar ambas situadas en el mismo
espacio escénico, cada una de ellas posee su propio espacio formal
respecto del paso, que en sus laterales tiende hacia un trazado cóncavo
hacia el interior.
- Esta moldura-bandeja o patena que sostiene un tanto ingrávidamente la
escena, descansa a su vez sobre cinco esferas doradas, creando un vacío
intermedio entre este cuerpo superior y el inferior de la canastilla. Un
vacío que contrasta con las formas solemnes, simples, elegantes,
complementarias y robustas, empleadas en el diseño. Circunstancia que
contribuye a dar aire a la composición y dinamismo, especialmente en el
efecto de movimiento de la visión frontal de la composición (entre
estabilidad simétrica de las formas empleadas, e inestabilidad por efecto
del desplazamiento de las figuras, todo ello a su vez sobre una
plataforma directamente sobre las esferas).
- El cuerpo inferior de la canastilla se articula de una manera
complementaria formalmente hablando con formas en negativo y en positivo
respecto del conjunto superior, fundamentalmente organizándose a modo de
un gran perfil flexionado hacia el interior, que queda interrumpido en un
plano interior, en que aparece destacado el vacío entre ambos cuerpos
que organizan la canastilla. Las formas igualmente aquí son decisivas y
mixtas, con hemiesferas cóncavas doradas en pan de oro, complementarias
de las otras superiores convexas.
- En realidad el lenguaje robusto y solemne empleado, se articula como
formas macladas y complementarias que se definen en su misma presencia y
tectonicidad, así como por su ausencia y presencia de sus negativos. Algo
que sin duda intenta entroncar con un aspecto de austeridad un tanto
severa a la vez que elegante muy propio del talante de la hermandad.
- El color empleado en la canastilla, con ausencia de talla y decoración,
que sin duda contiene una intención estética simple y despejada que
evoca, tanto formas del purismo renacentista como se refiere a elementos
del neoclásico, y alude también a formas posindustriales y minimalistas
más actuales, será en rojo almagra, coral, sangre de toro. En laca
semimate de tradición china. Aspecto este destacado y singular, aunque
rescata un material igualmente noble y escasamente empleado, lo cual
otorga a la composición singularidad, nobleza y cierto hálito antiguo y
dieciochesco que posee la hermandad. Un material que enlazaría con otros
materiales un tanto exóticos e igualmente nobles (de importación de
ultramar en época ilustrada) como el carey de la cruz que porta casi
amorosamente el Señor. Un aspecto este que, en las formas un tanto
sintéticas y radicales de modernidad ciertamente empleadas, rescata y se
inserta dentro de un sabor litúrgico, señorial y cortesano que mantiene
la hermandad, complementario sin duda del ambiente precedente en el
cortejo procesional de acólitos con ciriales, incensarios y servidores de
libreas a la federica.
- Otro de los aspectos que refuerzan esta idea del lacado en rojo es la
nocturnidad del cortejo, lo cual contribuiría a la sobriedad elegante del
cortejo y el contraste en un marco de estrechas callejas en blanco de cal
opaca.
- Como se indicó anteriormente la arista de la mesa se define por un
cornisón en plata, que junto con la otra cornisa superior del canasto,
igualmente como vimos en plata, definen entre ambas lo que es
estrictamente el área del canasto, dividido por el espacio calado y aéreo
intermedio. La plata, aquí empleada estratégicamente como acentos
simbólicos, enlazaría visualmente con las aristas de la propia cruz, y
entra en conversación con las potencias, la corona y los faroles en
plata. Lo cual otorga tanto a las imágenes afecto devocional y veneración
antigua, como a la vez proporcionan y dan riqueza, brillo y acentos de
visión al conjunto. Especialmente a la luz cálida de los cirios morados
en la noche del Viernes Santo carmonense.
- El paso se remata en su parte inferior, con cuatro faldones de
terciopelo con los colores rojo, inmediatamente a continuación de la
cornisa de plata del ángulo de la mesa, y que enlazaría con el color rojo
laca del canasto propiamente dicho, así como el negro y morado de la
hermandad. Espacios proporcionalmente distribuidos en áreas, entre
galones dorados y plata, con dos broches de diseño escamado en filigrana
de plata sobre terciopelo negro en cada esquina.
- En la parte superior de los frentes y entre el espacio determinado por
las maniguetas, se abre un respiradero calado bordado en malla de hilo de
oro con festón decorativo en su perímetro, recamado de guarnición de
galones dorados de distinto calibre.
- Las maniguetas se conciben como un tronco de pirámide alargada a modo
de obelisco en cristal de sección cuadrada (a modo de los antiguos
relicarios renacentistas), en cuyas aristas se guarniciona de plata y se
remata en su vértice por una punta de diamante de igual material. Desde
donde parte el eje interior, visible a través de la masa del cristal,
dejando ver como se adapta y engasta a las andas del paso. Un elemento
sin duda retórico y no funcional que en este caso, por los materiales
empleados, se trasciende en símbolo sutil, y es portador de alusiones de
pureza, levedad, elegancia, delicadeza, refinamiento y suntuosidad. A
partir de lo cual, sólo queda elevar la mirada hacia el rostro
misericordioso del Dios, de adolescente casi ensimismado, que es Nuestro
Padre Jesús Nazareno, ayudado del fraternal Cirineo en su camino hacia el
Calvario.
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