Madurez

Comienza su madurez artística cuando envía su primera gran obra original que presenta, primero, en Roma y, luego en la Exposición de 1930. Esta obra se tituló "El molino". Puede contemplarse en el Museo de Artes y Costumbres de la Ciudad de Sevilla. Esta obra conseguiría la  II Medalla en dicha Exposición Nacional. Fue realizada en un sitio inigualable por su entorno natural y, sobre todo, por su tranquilidad: la isla de Capri. El gran crítico Juan de Echevarría confesaba, en uno de sus artículos, en el Diario "El Sol", lo siguiente: "No hay una sola pincelada que no sea armónica y justa dentro de la totalidad". Asimismo Lafuente Ferrari expresa que esta obra debió de obtener igual recompensa que el primer premio, que recayó en la obra "La vuelta de la pesca", de Solana.

 Sería su mejor época pictórica y dibujística. A la vez viaja continuamente por Francia, Inglaterra, Grecia, Egipto, etc. Pasa junto a su familia sus días de asueto y veraneo alejado del ajetreo pictórico de aquel momento. Aprovecha sus estancias en la ciudad de Carmona para confeccionar una serie de dibujos de sus campos, labores, calles y paisajes.

La vocación mural de Valverde se manifiesta en una obra importante y lograda a la medida de su talento. Esta obra, titulada "Alegoría a las Bellas Artes", puede contemplarse en el edificio actual del Ministerio de Educación y Ciencia, sito en la calla de Alcalá (Madrid). Fue realizada para ornamentar el techo de la Sala de Audiencias, compitiendo con los mejores pintores, y obtiene el máximo galardón, a la postre, Premio Nacional de Pintura. Es un óvalo de 8,60 por 4,50 metros. Centrado en esta idea, ejecuta y pinta este óvalo en un mes. Para Lafuente Ferrari es una composición serena y noble y, por supuesto, un canto a la juventud y a la belleza, a la mesura y a la ordenación arquitectónica del espacio. Actualmente puede ser contemplada en la sala "Valverde Lasarte", en el Museo Marqués de las Torres (Carmona).

A partir de 1942 gana por oposición la cátedra de Preparatorio de Colorido en la Escuela Superior de San Fernando, con la obra "Moralidad". Su estancia en esta cátedra sería la continuidad de los Madrazo, Sorolla, etc. Desde este momento comienza una etapa de alejamiento y un estilo de vida pausado. Comienza a pintar en las sierras de Huelva, de Madrid y en pueblos como La Alberca, Burgo de Osma, etc. Es decir, vuelve a sus orígenes, a la naturaleza para pintar. No olvida, ni mucho menos, su vinculación retratista, destacando los retratos de "Carmen Baroja", o "Retrato de mi sobrina Amparo Gavira". Este último puede ser contemplado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

Animado por las buenas críticas, en la Exposición de 1930, Valverde concurre, años después, con una obra titulada: "Ayer". Esta obra mereció la I Medalla, que compartiría con su buen amigo y pintor Timoteo Pérez Rubio.

En 1946 obtiene su segunda cátedra: la de Colorido y Composición. Es el momento en el que se le encarga decorar el Teatro de la Universidad Laboral de Gijón. Comienza unos cartones para mosaicos, que serán los cuatro evangelistas y los dos arcángeles. Debido a una enfermedad pulmonar dichos cartones - de colosales dimensiones - quedan para siempre en Carmona. También pueden ser contemplados en el mencionado museo.

No se puede olvidar que Valverde nunca realizó una exposición personal. No obstante, participa como invitado en distintas Exposiciones Internacionales: Venecia, Pitsburgo, Berlín, Buenos Aires, El Cairo, etc. En cambio, sí es nombrado a menudo como miembro de jurado en distintos acontecimientos. Fue subcomisario de Arte Español en El Cairo, miembro del Comité Organizador del Pabellón Español, etc, destacando su dirección en el Museo Nacional de Arte Moderno (Madrid).

Sería el momento, en esta etapa, en el que ingresa como académico en la Corporación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), el 24 de junio de 1956. Valverde contaba con sesenta años. Lee su discurso y entrega como pieza de recepción: "Retrato de mi sobrina". Nos vuelve a comentar Lafuente Ferrari, en su respuesta al discurso de Valverde, refiriéndose a esta obra: "El deber del pintor es revelar una vida en cada uno de los objetos. Esta vida se encuentra en la apariencia y en el color".